Fiebre en el bebé: qué hacer en casa y cuándo ir al pediatra

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Son las tres de la madrugada. Le pones la mano en la frente casi por costumbre y el corazón te da un vuelco: quema. El termómetro confirma lo que ya sabías, y en tu cabeza se agolpan tres preguntas a la vez: ¿le doy algo?, ¿lo abrigo o lo destapo?, ¿nos vamos a urgencias?

Vamos a ordenarlas. Porque la fiebre asusta mucho —a todos, no eres la excepción— pero la inmensa mayoría de las veces es un episodio banal que se maneja en casa con tres ideas claras. Y para las veces que no, hay una lista corta y concreta de señales que sí obligan a consultar. Esa lista es la parte más importante de este artículo.

Primero, la idea que lo cambia todo: la fiebre es defensa

La fiebre no es una enfermedad: es un mecanismo de defensa. El cuerpo sube su temperatura a propósito porque así combate mejor las infecciones, que en los niños pequeños son, en su gran mayoría, virus pasajeros.

Esto tiene una consecuencia práctica que los pediatras repiten sin descanso: el objetivo no es “bajar la cifra” a toda costa, sino que el niño esté confortable. Un niño con 38,5 °C que juega y bebe tranquilo preocupa menos que uno con 38 °C decaído y quejoso. La cifra importa menos que el estado general. Grábate esa frase: te va a ahorrar muchas noches de angustia.

¿Cuánto es fiebre? Y cómo medirla bien

Orientativamente, se considera fiebre a partir de 38 °C de temperatura rectal, o de unos 37,5 °C medida en la axila. Entre 37,5 y 38 °C rectal se suele hablar de febrícula.

Para medirla, lo más fiable en bebés es el termómetro digital: en el recto en los más pequeños (es la medición de referencia) o en la axila, con el brazo bien pegado al cuerpo unos minutos. Los termómetros de frente y de oído son cómodos, pero menos precisos, sobre todo en lactantes. La mano en la frente vale para sospechar; para decidir, termómetro.

La regla de oro: menos de 3 meses, al médico siempre

Antes de hablar de lo que puedes hacer en casa, la excepción que va primero:

Si tu bebé tiene menos de 3 meses y presenta fiebre (38 °C o más), hay que consultar de forma urgente. Siempre. No es para probar en casa ni para esperar a mañana: a esa edad, las infecciones pueden ser importantes y dar pocos síntomas, y es el pediatra quien debe valorarlo.

Sin excepciones y sin sentirte exagerada por acudir: con esa edad, acudir es lo prudente.

Qué hacer en casa (a partir de los 3 meses)

Con un bebé mayor de 3 meses, buen estado general y sin señales de alarma, el plan es sencillo:

  • Ofrécele líquidos a menudo. Pecho o biberón a demanda en los más pequeños; agua en los que ya comen. Con fiebre se pierde más líquido de lo que parece, y la hidratación es la mitad del tratamiento.
  • Ropa ligera y ambiente templado. Ni abrigarlo “para que sude” ni desnudarlo del todo: una capa fina y una habitación a temperatura agradable.
  • Antitérmico solo si está molesto. El más usado en lactantes es el paracetamol (desde el nacimiento, siempre a la dosis que corresponde por su peso); el ibuprofeno se reserva para mayores de 6 meses. La dosis correcta la marca el peso, no la edad, y la pauta te la da tu pediatra o el prospecto. Si está con 38 °C pero tranquilo y jugando, no hace falta medicar: tratamos el malestar, no el número.
  • Deja que descanse sin forzar. Si no quiere comer un día o dos, no pasa nada mientras beba bien. El apetito vuelve cuando la infección se va.

¿Y cuánto va a durar? La mayoría de las fiebres por virus duran 2 o 3 días. Que no baje del todo con el antitérmico, por cierto, no indica gravedad: el antitérmico alivia, no cura.

Lo que NO hay que hacer (aunque lo hiciera la abuela)

Con todo el cariño hacia los remedios de siempre, hay tres que los pediatras piden desterrar:

  1. Friegas de alcohol o colonia: el alcohol se absorbe por la piel y puede resultar tóxico.
  2. Baños de agua fría o paños helados: provocan tiritona, malestar y un efecto rebote. Si acaso, agua tibia, y solo si al niño le resulta agradable.
  3. Alternar antitérmicos por sistema (ahora paracetamol, en unas horas ibuprofeno): multiplica los errores de dosis y no aporta beneficios claros. Un solo fármaco, bien dosificado.

Y una cuarta para la lista: la aspirina está contraindicada en niños, siempre, por el riesgo de síndrome de Reye (una complicación rara pero grave).

Las señales de alarma: la lista que hay que tener a mano

Consulta sin esperar (centro de salud, urgencias o 112/061 según la situación) si aparece cualquiera de estas:

  • Menos de 3 meses con fiebre (ya lo sabes: siempre).
  • Manchitas en la piel que no desaparecen al estirarla o al presionar con un vaso de cristal (petequias).
  • Decaimiento intenso: está adormilado, cuesta despertarlo, no responde como siempre, o llora de forma débil o inconsolable.
  • Dificultad para respirar: respira muy deprisa, se le marcan las costillas, hace ruidos o pausas.
  • Signos de deshidratación: moja muchos menos pañales, tiene la boca seca, llora sin lágrimas, la fontanela (la zona blanda de la cabeza) está hundida.
  • Vómitos persistentes que le impiden retener líquidos.
  • Rigidez de nuca o dolor de cabeza intenso en niños que ya lo saben expresar.
  • Una convulsión, aunque haya cedido sola.
  • Fiebre que dura más de 2-3 días sin foco claro, o que reaparece tras haber desaparecido.

Si nada de esto está presente y el niño, entre picos de fiebre, se muestra razonablemente animado, puedes vigilar en casa con tranquilidad y consultar en horario normal si algo te inquieta.

Un apunte sobre las convulsiones febriles

Es la escena que más miedo da, así que merece su párrafo. Algunas criaturas (entre el 2 y el 5 %, sobre todo entre los 6 meses y los 5 años) pueden tener una convulsión febril: pérdida de conciencia y sacudidas durante la subida de la fiebre. Verlo es angustioso, pero conviene saber dos cosas: las convulsiones febriles típicas no causan daño cerebral ni epilepsia, y suelen ceder solas en pocos minutos.

Si ocurre: tumba al niño de lado sobre una superficie segura, no le metas nada en la boca, mira el reloj y, cuando pase, consulta (y llama al 112 si dura más de 5 minutos o es la primera vez). Y otro dato que descarga culpas: dar antitérmicos “preventivos” no evita las convulsiones febriles, así que si ocurrió, no fue porque hicieras algo mal.

La cifra no manda: manda tu hijo

Si te quedas con una sola idea, que sea esta: en un bebé mayor de 3 meses, vale más observar al niño que al termómetro. Cómo respira, cómo bebe, cómo te mira, cómo juega entre pico y pico de fiebre: esa es la información que tu pediatra querrá saber, y la que de verdad distingue un catarro de algo que merece una visita.

Y ante la duda, consultar nunca es molestar. Para eso están tu centro de salud, tu pediatra y los teléfonos de urgencias: ningún profesional va a reprocharte que preguntes por tu hijo a las tres de la madrugada. Esa llamada también es cuidarlo.

Preguntas frecuentes

¿A partir de qué temperatura se considera fiebre en un bebé?
Como orientación general se habla de fiebre a partir de 38 °C de temperatura rectal (o en torno a 37,5 °C en la axila). Entre medias se considera febrícula. En cualquier caso, en un bebé menor de 3 meses cualquier fiebre es motivo de consulta urgente.
¿Puedo alternar paracetamol e ibuprofeno para bajar la fiebre?
La recomendación general de los pediatras es no alternar antitérmicos de forma rutinaria: aumenta el riesgo de errores de dosis y no ha demostrado ventajas claras. Se usa un solo fármaco, a la dosis que corresponde por peso, y siempre con la pauta que indique tu pediatra.
¿La fiebre alta puede causar daño cerebral o meningitis?
La fiebre por sí misma, en el rango habitual de las infecciones (hasta 40-41 °C), no causa daño cerebral ni provoca meningitis. Lo importante no es tanto la cifra como el estado general del niño y las señales de alarma. Ante cualquier duda, consulta con tu pediatra o con el 061/112.

Fuentes

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