Agarre, grietas y mastitis: la lactancia de los primeros días

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Te imaginabas la lactancia como algo natural e instintivo, y de repente estás a las cuatro de la mañana, con el pecho dolorido y la sensación de que no lo estás haciendo bien. Que quede claro desde el principio: que cueste no significa que lo hagas mal. La lactancia se aprende, por las dos partes, y los primeros días son, casi siempre, los más cuesta arriba.

Vamos con lo que más preocupa de esos primeros días.

Todo empieza por el agarre

El 90% de los problemas de los primeros días se explican por una sola cosa: cómo se coloca el bebé en el pecho. Un buen agarre no duele de forma intensa y permite que el bebé saque la leche con eficacia. Un mal agarre hace lo contrario: duele, salen grietas y el bebé se queda con hambre aunque pase horas enganchado.

Cómo se ve un buen agarre:

  • El bebé abre mucho la boca, como en un bostezo, antes de engancharse.
  • Abarca buena parte de la areola, no solo la punta del pezón.
  • Los labios están hacia afuera, como los de un pez, no metidos hacia dentro.
  • La barbilla toca el pecho y la nariz queda libre para respirar.
  • Oyes que traga de forma rítmica.

Un truco que ayuda: acerca al bebé al pecho (y no el pecho al bebé), con la nariz a la altura del pezón, para que tenga que levantar un poco la cabeza y abrir bien la boca al engancharse.

Si duele, lo mejor no es aguantar: retira suavemente metiendo un dedo en la comisura de su boca para deshacer el vacío, y vuelve a intentarlo. Mejor diez intentos buenos que una toma entera con dolor.

Las grietas: por qué salen y qué hacer

Las grietas en el pezón son heridas, y duelen como tales. Casi siempre son la consecuencia de un agarre que comprime el pezón en lugar de dejarlo bien dentro de la boca. Por eso, la primera medida ante una grieta es revisar el agarre: si no corriges la causa, la herida no termina de curar.

Mientras cicatriza, ayuda:

  • Empezar la toma por el pecho menos dolorido.
  • Dejar caer unas gotas de la propia leche sobre el pezón al terminar y dejarlo secar al aire.
  • Evitar jabones agresivos y la humedad constante.
  • Pedir que te revisen el agarre en persona: a veces un pequeño ajuste lo cambia todo. También conviene descartar un frenillo lingual corto en el bebé, que dificulta el agarre.

Si la grieta sangra, supura o no mejora, consúltalo. No es algo que tengas que sufrir en silencio.

Mastitis: cuándo encender las alarmas

A veces un conducto se obstruye y el pecho se inflama. Notas una zona dura, roja, caliente y dolorosa, y puede aparecer malestar general, como una gripe, con fiebre. Eso es una mastitis, y conviene actuar pronto.

Lo más importante, aunque parezca lo contrario: hay que seguir vaciando el pecho. Dejar de dar de mamar empeora la cosa. Qué hacer:

  • Da el pecho a menudo, empezando por el lado afectado, y asegúrate de que se vacía bien.
  • Calor antes de la toma (favorece la salida de la leche) y frío después (baja la inflamación).
  • Descansa e hidrátate. El reposo no es un lujo aquí, es tratamiento.

Contacta con tu médico o matrona si hay fiebre, mucho malestar o no mejoras en 24 horas: algunas mastitis necesitan antibiótico, y tu profesional valorará si es el caso. La leche, salvo indicación médica concreta, sigue siendo segura para el bebé.

Y si la lactancia no sale como esperabas

Aquí toca decir algo con claridad: la mejor lactancia es la que funciona para tu familia y tu salud. Hay mujeres que dan el pecho sin problemas, otras que lo combinan con biberón y otras que, por el motivo que sea, optan por la fórmula. Ninguna de esas decisiones te hace mejor o peor madre.

La leche de fórmula es un alimento seguro y completo, pensado precisamente para cuando la lactancia materna no es posible o no es lo que eliges. Lo que de verdad cuenta es que el bebé esté bien alimentado y que tú estés bien.

Y un recordatorio práctico: si la lactancia te está costando, pide ayuda pronto. Tu matrona, los grupos de apoyo a la lactancia y las asesoras certificadas (IBCLC) existen justo para esto. La mayoría de los problemas de los primeros días se resuelven con un buen acompañamiento a tiempo.

Preguntas frecuentes

¿Es normal que la lactancia duela al principio?
Una ligera sensibilidad los primeros días puede aparecer, pero un dolor intenso o mantenido durante toda la toma no es lo esperable y suele indicar que el agarre necesita ajustarse. El dolor no es 'parte del proceso' que haya que aguantar: es una señal para pedir ayuda a tu matrona o a una asesora de lactancia.
¿Cómo sé si el bebé se agarra bien al pecho?
Un buen agarre suele verse así: el bebé abre mucho la boca y abarca buena parte de la areola (no solo el pezón), tiene los labios hacia afuera, la barbilla pegada al pecho y la nariz libre. Oirás que traga y, salvo molestia inicial, no debería doler de forma intensa.
¿Qué hago si creo que tengo una mastitis?
Sigue vaciando el pecho con frecuencia (la lactancia puede y debe continuar), aplica calor antes de la toma y frío después, descansa e hidrátate. Si tienes fiebre, mucho malestar tipo gripe o no mejora en 24 horas, contacta con tu médico o matrona: puede necesitar tratamiento.

Fuentes

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