Se marea en el coche: por qué pasa y cómo evitarlo

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Lo reconoces por el silencio. Venía cantando y de pronto se calla. Miras por el retrovisor y está pálido, con la mirada fija en ningún sitio y las manos quietas sobre las piernas. Sabes lo que viene después, y sabes que estás en el carril izquierdo de una autovía sin arcén.

Si te ha pasado una vez, ya conduces pendiente de que no vuelva a pasar. La buena noticia es que el mareo del coche se previene bastante bien, y que casi todo lo que funciona no cuesta dinero: es colocación, aire y ritmo. Vamos con ello.

Por qué se marea: el cerebro recibe dos versiones distintas

El mareo del coche —los pediatras lo llaman cinetosis— aparece cuando el cerebro recibe información contradictoria sobre si el cuerpo se mueve o no.

El oído interno, que es el que detecta el movimiento, nota perfectamente las curvas, los frenazos y las aceleraciones: estamos en movimiento. Pero los ojos, si están mirando un cuento, una tablet o el respaldo del asiento de delante, informan de lo contrario: todo está quieto. El cerebro no sabe con cuál quedarse, y esa discordancia es la que acaba en náusea, palidez y vómito.

Eso explica de golpe tres cosas que quizá ya habías notado: que el que conduce nunca se marea (mira hacia delante y además anticipa cada movimiento), que empeora en carreteras de curvas, y que leer en el coche es la forma más rápida de acabar mal.

A qué edad pasa (y por qué tu bebé probablemente no se marea)

Los menores de 2 años casi nunca se marean. Es una de esas cosas que sorprenden, pero tiene sentido: su sistema de equilibrio todavía se está afinando y pasan buena parte del viaje dormidos.

Lo típico es que empiece entre los 2 y los 12 años, con más intensidad alrededor de los 4 y los 10, y que se vaya pasando solo con la edad. Casi ningún adulto se marea como se mareaba de niño.

Esto tiene una consecuencia práctica: si tu bebé de pocos meses vomita en el coche de forma repetida, no lo archives como «se marea». A esa edad es más probable que sea reflujo, un exceso de toma antes de salir, la postura demasiado reclinada o simplemente que algo no va bien. Coméntalo con tu pediatra.

Lo que sí funciona, por orden de eficacia

1. Que mire hacia delante y lejos

Es la medida que más cambia las cosas, porque ataca la causa: si los ojos ven el mismo movimiento que nota el oído, desaparece la contradicción.

Que mire al frente y al horizonte, no por la ventanilla lateral: ahí el paisaje pasa a toda velocidad y suele empeorarlo. Es exactamente lo que recomiendan los pediatras de atención primaria en su guía para viajar con niños: mirar hacia delante y no fijar la vista en cosas de dentro del coche.

Y, sobre todo, nada de pantallas, cuentos ni juguetes en el regazo durante el trayecto. Ya sé que la tablet es lo que compra media hora de paz; en un niño que se marea es exactamente lo que la destruye.

Dentro de lo que permita su silla, la plaza con mejor visión hacia delante suele ser la central. Ahora bien, y esto no admite matices: la plaza y el tipo de silla los decide la seguridad, no el mareo. Nunca adelantes el paso al alzador ni lo sientes en el asiento delantero antes de lo que le corresponde por talla para que vea mejor.

2. Aire fresco, sin humo y sin olores fuertes

Ventila. Una rendija de ventanilla, el aire orientado hacia él, la temperatura más bien fresca. El calor y el ambiente cargado disparan la náusea, y los ambientadores intensos y el tabaco —dentro del coche, nunca— la disparan aún más.

3. Comer poco, pero comer

Ni con el estómago lleno ni en ayunas. Antes de salir, algo ligero: una pieza de fruta, unas galletas sencillas, pan. Durante el viaje, agua a sorbos y cantidades pequeñas y frecuentes. Los desayunos copiosos justo antes de un viaje con curvas son una mala idea.

4. Conducir «plano»

Aceleraciones suaves, frenadas anticipadas, curvas tomadas con cabeza. En carreteras de montaña se nota muchísimo. Y si puedes hacer coincidir el trayecto con su hora de sueño, mejor que ninguna otra medida: dormido no se marea nadie.

5. Distraerlo con el oído, no con la vista

Ya que las pantallas y los cuentos quedan descartados, el entretenimiento tiene que entrar por los oídos: música, audiocuentos, canciones, veo-veo, contar coches rojos por la ventanilla delantera. Funciona y además le mantiene la mirada donde interesa.

Si ya está mareado

Cuando ha empezado la palidez, la prevención ya no sirve: toca gestionar.

  • Para en cuanto puedas hacerlo con seguridad. Un área de servicio, un apartadero, una gasolinera. Nunca en el arcén de una autovía si puedes evitarlo.
  • Sácalo del coche, que le dé el aire, que camine un poco. Cinco minutos de pie cambian mucho el panorama.
  • Agua a sorbos pequeños. Sin forzar comida.
  • Reanuda cuando esté recuperado, y ventila el coche antes de volver a arrancar: el olor mantiene vivo el círculo.

Y lleva siempre en la guantera lo que convierte un incidente en una anécdota: bolsas, toallitas, una muda completa, una bolsa de basura y papel. Quien ha vivido un vómito a 200 kilómetros de casa sin muda no repite el error.

¿Y los medicamentos?

Existen fármacos contra el mareo y algunos se usan en niños a partir de ciertas edades. Pero la elección, la edad mínima y la dosis no se deciden leyendo una web: se consultan con tu pediatra o tu farmacéutico, que conocen a tu hijo, su peso y lo que toma.

Lo que sí podemos decirte es el orden sensato: primero posición, aire, comida ligera y paradas, que resuelven la mayoría de los casos; y solo si aun así los viajes son un suplicio, plantear la consulta antes de un trayecto largo. Las pulseras de acupresión y remedios similares son inofensivos, pero no esperes de ellos lo que no han demostrado.

Lo que el mareo no cambia nunca

Es fácil que, con la desesperación de tres viajes seguidos limpiando el asiento, aparezcan ideas del tipo «lo siento delante, que ahí va mejor» o «le suelto un poco el arnés, que va más cómodo». Ninguna de las dos.

La silla que le toca por talla, bien instalada y con el arnés ceñido, es innegociable pase lo que pase con el mareo. Y si el trayecto es largo, aplica la otra regla que ya conoces: las paradas cada dos horas, que en un niño que se marea son además el mejor tratamiento.

En resumen

El mareo del coche es incomodísimo y no es peligroso. Se previene mirando al frente, ventilando, comiendo poco antes de salir, conduciendo suave y parando a tiempo. Casi siempre desaparece solo con los años, y hasta entonces la guantera bien surtida vale tanto como cualquier remedio.

Si además tienes por delante un viaje de varias horas, te interesa la guía de qué silla necesita en cada etapa para asegurarte de que va en la que le corresponde: un niño bien colocado viaja mejor, y también se marea menos.

Preguntas frecuentes

¿A qué edad empiezan los niños a marearse en el coche?
Los bebés menores de 2 años casi nunca se marean. Lo habitual es que aparezca entre los 2 y los 12 años, con un pico alrededor de los 4-10, y que después vaya remitiendo solo. Si un lactante vomita en el coche de forma repetida, conviene comentarlo con el pediatra en lugar de darlo por sentado que es mareo.
¿Es mejor que vaya mirando por la ventanilla lateral?
No. Lo que ayuda es que mire hacia delante y lejos, al horizonte o a la carretera. Mirar por la ventanilla lateral hace que el paisaje pase muy rápido y suele empeorarlo, igual que leer, ver la tablet o jugar con algo en el regazo.
¿Puedo cambiarlo de sitio en el coche para que se maree menos?
Puedes elegir la plaza que mejor visión hacia delante le dé dentro de lo que permita su silla, normalmente la central si tiene anclajes adecuados. Lo que no se hace nunca es adelantar el paso a una silla que no le corresponde por talla, ni sentarlo delante antes de tiempo, para intentar que se maree menos: la seguridad no se negocia por comodidad.
¿Se le puede dar algo para el mareo?
Existen fármacos contra el mareo y algunos se usan en niños, pero la edad mínima, la dosis y si conviene o no los decide el pediatra o el farmacéutico, no una página web. Antes de llegar ahí, las medidas de posición, ventilación, comida ligera y paradas resuelven la mayoría de los casos.

Fuentes

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